viernes, 16 de febrero de 2007

Merece la pena

La cultura musical española es lamentable. Afortunadamente, aún quedan destellos que hacen creer que queda gente con inquietudes y ganas de explorar nuevos caminos en lo musical. Los puedes encontrar en la web de la revista efeeme, para la que he tenido la suerte de escribir algún artículo.

http://www.efeeme.com/

¿Genio? ¿Idiota perdido?

In The Ghetto

Las Chicas Tintin

sábado, 10 de febrero de 2007

Algo que tal vez continúe #35

Salgo cansado, sin ganas de mirar a nadie. Pienso en cogerme un taxi para llegar antes y estar diez minutos más tumbado en el sofá. Pero no hay ninguno libre. Dejo pasar dos o tres autobuses hasta que llega uno en el que, me imagino, no me voy a agobiar. Detesto sentirme estrujado entre la gente. Subo. Como siempre, esa señora se cuela.
El autobús huele a todo. Hay gente con los paraguas cruzados cortando el escaso paso hacia el fondo. La gente mira al suelo. No habla. De vez en cuando suena algún móvil y se inicia una conversación estúpida y totalmente prescindible. Los tirones habituales.La gente de siempre. Allí está el chico con las gafas de gordos cristales, la hermosa mujer a la que nunca conoceré, el pobre hombre que de un momento a otro se va a quedar dormido. Un frenazo del autobús, otro más, hace que, por unos instantes, toda la masa de desconocidos que poblamos el autobús nos miremos tras haber sido sufridas víctimas de vete a saber qué principio de la física. Son miradas efímeras, pero hay algunas que se prolongan durante uno o tal vez más segundos. Mantengo la mirada con la chica atractiva. No es guapa pero me resulta inevitable mirarla. Son sólo dos segundos. Dos segundos en los que entro a un nuevo mundo. Dos segundos durante los cuales me permito fantasear. Dos segundos de eternidad. Dos segundos de ensueño. El señor de las gafas de gordos cristales, tras el frenazo, ha optado por cambiar de postura. Acaba de sacar un libro, muy manoseado. Me imagino que es la segunda o tercera vez que lo lee. ¿Será ésa su única actividad vital, por encima de otras que a los demás nos parecen fundamentales? ¿Qué estará leyendo? Este tipo de situaciones siempre genera en mí un impulso que me hace desear entrometerme en su propiedad privada e introducirme en su burbuja de lectura. Quiero saber qué está leyendo. Heredé esa costumbre de mi padre, quien siempre me hacía reír en los trenes y autobuses cuando lanzaba de manera escasamente discreta la mirada por encima del hombro de otras personas con objeto de adentrarse en las lecturas que le rodeaban. Miro fijamente al suelo, miro zapatos, veo bolsas que interfieren el paso, gente que se enroca en la puerta de salida a pesar que que no van a abandonar el autobús hasta la última parada. Los viajeros, conforme bajamos, le vamos dando suaves golpes con nuestras bolsas para decirle de manera poco sutil que está molestando. Sigo sin saber qué está leyendo ese hombre. Sigo sin poder mantener la mirada fija en esa mujer durante más de dos segundos. Otro frenazo. ¡Fantástico! Otra excusa para buscar miradas cómplices. Está junto a mí. De nuevo nos miramos. Esta vez tengo la impresión de que he batido mi propio record. ¡3 segundos! A ello hemos de añadir una sonrisa. Eso no se puede medir. Me voy feliz a casa. Triunfador. He conseguido la sonrisa de la bella mujer a la que nunca conoceré. Vuelvo a casa feliz.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Alejandro Sanz & Rock in Rio

Dicen que Alejandro Sanz va a ser el artista que inaugure la próxima edición del Rock-in-Rio Lisboa. ¿Va en serio? ¿Qué pinta ese tío allí? Mi gente llama a eso bajada de pantalones. Me parece una humillación para el festival.
Sugiero, de esta manera, que para el próximo festival del Jazz de Galapagar contraten como máxima estrella a David Bisbal.
Ellos se quejan de la piratería. Nosotros deberíamos quejarnos de su falta de luces. Con la piratería no les llega el presupuesto para la vaselina que necesitan ante tamañas bajadas de pantalones.

sábado, 3 de febrero de 2007

"While My Guitar Gently Weeps"

No dejan de aparecer versiones de temas de Los Beatles. Iré hablando de ellas con el paso de los días. De momento, ésta de "While My Guitar Gently Weeps", original de George Harrison. Esta realizada con un ukelele, un instrumento que merece mucho más respeto del que habitualmente se le da. El intérprete es un músico de Hawaii, un maestro del instrumento, Jake Shimabukuro, quien, al parecer y en base a críticas por ahí leídas, no cuenta con muchos medios, algo que estropea mucho la calidad de sus grabaciones. En cualquier caso, a pesar de la mala calidad de audio/video, esta versión del clásico de Harrison es una maravilla.

http://video.yahoo.com/video/play?vid=b165b79e80767f89ad515fcb3a992c3d.1701490&cache=1



sábado, 27 de enero de 2007

Algo que tal vez continúe #34

¿Qué he de hacer con tu recuerdo? Dejaste arrinconados, junto a mi guitarra, cientos de sueños. Ahora me visita por las noches el hacedor de sueños y me pide cuentas. Los intereses en concepto de ilusiones no satisfechas crecen y va a llegar un momento en el que no pueda pagarlos. Me sonríe todas las noches y se me queda mirando desde una esquina de la cama, con ojos de dios burlón y transparente, diáfano como nunca más volverá a manifestarse. Se desplaza el divino bufón con levedad por la habitación mientras trato de conciliar el sueño. Desenfunda la guitarra y me la lanza melodías desafinadas, con acordes imposibles, melodías primitivas que creía olvidadas. Me canta tonadas que nunca logré componer. Sus silenciosos pasos retumban en mi cabeza y el eco de su impertinente andar atormenta mi cabeza. Nunca me dijiste porqué desapareciste, porqué te fuiste sin avisar. Ví cómo te apagabas pero nunca supe qué hacer. Oí como me llamabas pero nunca supe qué hacer. Y ahora vienen a reírse de mí todos los espíritus a los que en aquel entonces debí haber invocado, y me inundan la cama con oraciones que nunca supe cómo rezar, y entonan cánticos de salvación que sólo ahora alcanzo a comprender, y me muestran lo que entonces no pude ver.

sábado, 20 de enero de 2007

Sonrisitas de Telediario

¿Por qué, cuando llegan las noticias de deportes en los informativos televisivos, a todos los locutores se les pone en la boca una imposible sonrisa, rayana en la más aguda gilipollez?

sábado, 13 de enero de 2007

Algo que tal vez continúe #33

Cada uno de nosotros nos componemos de notas musicales. Cuando el autobús urbano pasa a toda prisa junto a mí, el estuche de mis gafas vibra. Ambos objetos están afinados en el mismo tono. Parece como si se saludaran. "¡Eh! ¡Estamos afinados en la misma tonalidad!". Llamo al timbre para entrar a mi oficina y me percato de que está desafinado. Su sonido se compone de dos notas, pero no guardan relación la una con la otra. Los dos timbres de mi casa estaban afinados con una octava de diferencia entre ellos. Uno daba una nota grave y el otro la misma una octava más alta.Las personas también estamos afinados en distintas tonalidades. Nuestras risas, nuestros llantos son melodías, son música. Y se siente claramente cuándo son falsos. No se puede fingir una sonrisa. Te traiciona la percepción de la otra persona.
Tus pies marcan un ritmo de shuffle, se arrastran por la habitación. Los latidos de tu corazón dan vida a tu canción. Caminas. Te detienes. Te agachas a por algo. Con cada movimiento escribes una melodía que me da vida, que me anima a seguir. Te das la vuelta y estoy yo. Sólo quiero escuchar la melodía de tu respiración. Quiero que vengas hacia mí y que muevas tus caderas con el ritmo del deseo, un ritmo inaprehensible, un ritmo arrítmico, un ritmo con síncopas. Tus manos son las batutas de mis ojos. Ellas dictan dónde he de mirar.
Canta tu canción. No calles nunca. Mueve tu cuerpo. No pares jamás.

viernes, 12 de enero de 2007

Para Rajoy y Zapatero. Dos Tontos Muy Tontos.

Big boys bickering
(McCartney)
© 1992 mpl communications (McCartney)

Big boys bickering,
That's what they're doin' ev'ryday.
Big boys bickering,
Fuckin' it up for ev'ryone, ev'ryone.

Guess while they're betting on the track,
They're tryin' to win your money back.
All of the taxes that you paid,
Went to fund the masquerade.

Big boys bickering,
That's what they're doin' all the day.
Big boys bickering,
Fuckin' it up in ev'ry way, ev'ry way.

We stand here waiting
Underneath the tower block.
Who will win and who will lose?
Which way do the big boys choose?
Which of us will never know what goes on?

Oo -

Who will win, who will lose?

So while they argue through the night,
Shakin' their sticks of dynamite,
Babies are dying through the day,
They wanna blow us all away.

Big boys bickering,
And so the game goes on and on.
Big boys bickering,
Fucking it up for ev'ryone, ev'ryone,
For ev'ryone, for ev'ryone, for ev'ryone,
For ev'ryone, ev'ryone.

Fucking it up for ev'ryone,
(fuckin' it up for ev'ryone)
Fucking it up for ev'ryone,
Ev'ryone, ev'ryone,
Ev'ry, ev'ry, ev'ry, ev'ry, ev'ryone.

jueves, 11 de enero de 2007

Algo que tal vez continúe #32

Entro a casa. Enciendo la luz. No te veo. Estás en el salón. Estás inmersa en la oscuridad. Yo, desde la luz, no te puedo ver. Tú, desde la oscuridad, me ves. Yo, ahogado en la luminosidad, no acabo de verte. Tú, borracha de sombras, te ríes sin que yo me entere. Déjame saltar contigo a la oscuridad. Déjame emborracharme contigo. Apaguemos todas las luces. Apaguemos la razón y sumerjámonos en el delirio de la oscuridad. Oscuridad. ¿Para qué quiero la luz con tu cuerpo desnudo junto a mí? ¿Para qué quiero la luz con tu sudor pegándose a mi cuerpo? ¿Para qué quiero la luz con tus latidos? Oscuridad.

lunes, 8 de enero de 2007

Algo que tal vez continúe #31

Amor y odio. Siempre juntos. Siempre de la mano. Me gustaría ser animal y poder sentir el amor de manera pura. Ojalá supiera qué es el odio sin más. Los humanos no sabemos amar. Tampoco comprendemos en qué consiste eso llamado odio. Nos movemos entre ambos extremos, cual péndulos. Unos llevan un péndulo en el estómago. Otros los llevan en el cerebro. Otros no saben dónde. Un día amas hasta la muerte. Al día siguiente odias y deseas matar. Hace dos días te querías suicidar. Dentro de un año desearás tener una familia para ir de viaje al paraíso que de pequeño odiabas. Así somos. Así nos odiamos. Así nos amamos. ¡Cuántas veces pienso que nos sobran las emociones! ¡Cuántas veces cuando pienso en ti no sé quién eres! ¿Por qué cuando quiero evocar tu rostro no sé muy bien a quién estoy viendo?¡Caos! ¡No me dejes! ¡Quédate siempre junto a mí! ¡Aliméntame de dudas!¡Impulso! ¡No me dejes! ¡Quédate siempre junto a mí! ¡Llévame lejos de aquí y vuélveme a traer!

sábado, 6 de enero de 2007

Futbolistas vs. bomberos

Veo, impresionado, las imágenes del atentado de ETA. La pregunta que me hago es bien sencilla: "¿Por qué?". Pero surge otra, tal vez más ingenua. Me apetece lanzarla, aunque suene infantil: "¿No debería esa gente, los bomberos, policías..., que se juega la vida para rescatar los cadáveres ganar el sueldo de los futbolistas?". Lo dijo mi madre mientras veíamos las noticias.

Algo que tal vez continúe #30


Veo la película The Pink Panther, elegante comedia de Blake Edwards. Estoy solo. Ella se ha ido de compras. Creo que necesitamos algo para la casa. Me ofrecí a acompañarla, pero optó por ir sola. Ella sola. Yo solo. Dos seres solos. Parcheo mi soledad con The Pink Panther. La vi hace muchos años y tan apenas recuerdo algunos chistes sueltos. Veo que, con el paso del tiempo, sigue siendo elegante, quizá demasiado elegante, si bien hay algunos toques osados, como la infidelidad de la esposa del inspector, o el atrevido (para entonces, supongo) plano del trasero y las caderas (formidables) de la cantante de la fiesta.

Aparece ella. Capucine. Bella. Y me recuerda a aquel amor de aquel verano. Me atrevo a llamarlo amor. Me pregunto cómo lo llamará ella. Sí, me enamoré. Lloré cuando nos despedimos. Lloré cuando por teléfono, el día de mi cumpleaños, me dijo algo que consideré auténticas barbaridades. Creo que realmente lo eran. Pequé de amarla demasiado, de encariñarme de ella, de sus enormes ojos azules, de sus inmensas caderas, de su juguetón vientre, de sus pequeños pechos.

Puedes llamarme loco. Me da igual. Mientras veía la película ella ocupaba mi pensamiento. La nariz de Capucine era la nariz de la chica del verano lejano. Su cuello. Su doble juego. Su capacidad para enamorar con sólo un gesto. Ella me enamoró con su verbo, proveniente de una boca pequeña. Ella me enamoró con sus gestos, salidos de unas manos que cada vez que se perdían por mi cuerpo encontraba la felicidad. Su pelo, de color rojo. Su espontaneidad.

Durante el rato que duró la película aquel verano volvió a mi recuerdo, aquel verano de éxtasis y dolor, de enamoramiento descontrolado y estúpido, de deseos de vida y de muerte.

Nos despedimos muchas veces. Pero la despedida definitiva nunca llegó. Traté de llamarla por teléfono. Nunca constestaba. Finalmente alguien respondió. Era ella, con voz de dormida, de resaca. Me dijo que no quería hablar conmigo. Dije alguna burrada y colgué bruscamente.

Cuando Sara volvió me encontró llorando en el sofá. La pantalla del televisor mostraba el salvapantallas del reproductor del DVD. Se acercó a mí. Me besó. Me preguntó qué me pasaba. Apretó el botón del mando a distancia y salió en la pantalla la imagen congelada de Capucine.

"¡Es guapa! ¡Muy guapa!", dijo Sara, y se sentó junto a mí. Seguimos viendo la película. Sentía que debía abrazarla, pero no tenía valor. La abracé. La miré a los ojos. "Estás aquí, ahora", dije. Nos besamos.

viernes, 22 de diciembre de 2006

Algo que tal vez continúe #29

Veo sus ojos mirándome y me cuesta manter la mirada. Desvío mi atención con bobadas, con listas de la compra, con los regalos de Navidad que me gustaría hacer. Siento que me mira. Siento que deseo que me mire. Deseo que se ría. Deseo que haga uno de sus chistes. Y sigo hablando. No callo por miedo a que sea ella la que hable y deba mirarla. Quiero mirarla pero no me atrevo. Juegos de miradas en los que siempre salgo perdiendo. Quiero abrazarla y no me atrevo. ¡Qué tonto soy! ¡Qué feliz me siento!

martes, 12 de diciembre de 2006

Groucho Marx

- La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después un remedio equivocado.

- Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros.

- Nunca olvido una cara. Pero en su caso, haré gustoso una excepción.

- ¿Por qué debería preocuparme por la posteridad?, ¿qué ha hecho laposteridad por mí?

- O usted se ha muerto, o mi reloj se ha parado.

- Partiendo de la nada he alcanzado las más altas cimas de la miseria.

- Citadme diciendo que me han citado mal.

- Bebo para hacer interesantes a las demás personas.

- Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera virgen.

- Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.

- ¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Es usted rica? Conteste primero a la segunda pregunta.

- La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y leo un buen libro.

- Hasta luego cariño... ¡Caramba!, la cuenta de la cena escarísima ... ¡Es un escándalo!
- ¡Yo que tú no la pagaría! (Una noche en la ópera)

- Estaba con esa mujer porque me recuerda a ti... sus ojos, su cara, su risa... De hecho, me recuerda a ti más que tú. (Una noche en la ópera)

- Señorita, envíe un ramo de rosas rojas y escriba 'Te quiero' al dorso de la cuenta (Un día en las carreras)

- El verdadero amor sólo se presenta una vez en la vida... yluego ya no hay quien se lo quite de encima (Servicio de hotel)

- ¿Por qué y cómo ha llegado usted a tener veinte hijos en su matrimonio?
- Amo a mi marido.
- A mí también me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca (Apueste su vida", su programa de TV)

- ¡Hasta un niño de cinco años sería capaz de entender esto...! Rápido, busque a un niño de cinco años. (Sopa de ganso)

- No permitiré injusticias ni juego sucio, pero si se pilla aalguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión lo pondremos contra la pared... ¡Y daremos la orden de disparar! (Sopa de ganso)

- Dudo que ninguna cámara pueda captar mi belleza interior.

- Siempre me casó un juez: debí haber exigido un jurado.

- La próxima vez que lo vea, recuérdeme no saludarlo.

- La política no crea extraños compañeros de cama: eso lo hace el matrimonio.

http://www.solache.com/archivo/2002_08_01_archivosolache.html

lunes, 11 de diciembre de 2006

Frío

Por fin hace frío. Ya veremos cuánto dura. Por fin las manos congeladas y por fin enciendo la calefacción en el trabajo para las clases de por la mañana. Los alumnos ya empiezan a pedir películas de Navidad... y villancicos. Las películas... puede. Los villancicos lo veo más difícil.
Hace frío. Hace frío. He sacado del armario mi querida bufanda de lana y me la voy a enrollar al cuello. He puesto el forro de invierno al anorak que habitualmente llevo. Hace frío. Esperemos que dure.

domingo, 10 de diciembre de 2006

Pinochet ha muerto

A todo cerdo le llega su San Martín. Descansen en paz millones de personas.

El Telediario y la familia Tous

¿Realmente es el asalto y robo a la familia de joyeros Tous una noticia para abrir un Telediario de Televisión Española? La verdad es que habría que preguntarse si realmente es una noticia. ¿Realmente nos importa a los ciudadanos normales, los "mileuristas", lo que le pase a esa familia? La sensación que provoca ver esa "noticia" abriendo el Telediario es, ante todo, incredulidad. ¿Quién selecciona qué es noticia? ¿Qué es una noticia?
Pobres niños ricos. Para ellos ese robo será como nuestro sueldo de varios meses. Para ellos ese robo será motivo de preocupación que pondrán en manos de otras personas (abogados, gestores, representantes...).
Pobres niños ricos. ¿Cuál será la próxima gran noticia que abra el próximo Telediario? ¿Un ataque de diarrea de algún heredero, limpiándose el culo con nuestras nónimas? ¿Qué impulsos llevarán a la gente de TVE a seleccionar una noticia así para abrir un informativo? Uno no puede sino pensar que se trata de un peloteo hacia esa clase social.
Cabe pensar que con esa noticia pretendar hacernos ver que la delincuencia también salpica a las clases altas. Ya lo sabemos. Somos tontos, pero no tantos. Esa noticia no tenía esa segunda lectura. La primera, y única, lectura es que el concepto de noticia y de información apesta; que los medios de comunicación dan mala gana.
Pobre familia Tous. Pobres de nosotros que seguimos el Telediario.

Brief Encounter/Breve Encuentro

¿Obra maestra? Posiblemente. No me atrevo a caer en tales radicalismos, pero me temo que, si existe tal, la película de la que voy a hablar es una de ellas. Hoy me apetece comentar aspectos de Brief Encounter. La dirigió David Lean en 1945. Los dos principales actores son Celia Johnson (en el papel de Laura) y Trevor Howard (ídem de Dr. Alec Harvey). El autor del texto original es Noel Coward, algo que no hay que desestimar. De entre toda la sarta de comentarios posibles en torno a Coward quedémonos con que, para muchos, es «el creador del carácter británico del siglo XX». En él, eso dicen, se dan todas las características de «lo inglés». Estamos, por tanto, ante una película británica, rodada cuando la Guerra Mundial todavía estaba activa. Pero no vamos a entrar en detalles técnicos, disponibles en muchos otros sitios, como el siempre válido www.imdb.com.
La película, decía al principio, es para muchos una obra maestra. Me pregunto cuáles son los elementos que hacen de algo una obra maestra, una obra digna de pasar a formar parte del canon cultural (habría que hablar aquí también sobre qué es eso del canon cultural). Supongo que hay un punto de partida clave, y éste es que los personajes son seres cotidianos y normales. No hay nada especial en ellos. El doctor Harvey es un médico de cabecera que trabaja en un hospital. Está felizmente casado y se siente muy orgulloso de sus dos hijos. Más o menos lo mismo que Laura (nombre cargado de significados literarios en los que no merece la pena entrar), con la salvedad de que ésta es ama de casa.
Ambos son seres que, una vez a la semana, disponen de tiempo para ellos. Se transforman en afortunados dueños de sus existencias. Ella aprovecha y crea una rutina alternativa. Va al cine, de compras, a la biblioteca… Él hace prácticamente lo mismo. En definitiva, ambos son dueños de su tiempo. Pasan a ser seres solitarios, pero felices. El espectador recibe la impresión de que esos dos personajes son más felices en su soledad de un día a la semana que el resto de los días con sus familias.
Casualidad o no, coinciden en la cantina de una estación de ferrocarril. Un sitio mágico, trufado de túneles y pasadizos en los que el viento -a semejanza de los arbustos secos de las praderas en las películas del Oeste- arrastra papeles y desperdicios, de trenes que pasan a toda velocidad y en todas direcciones con multitud de destinos. Trenes que cortan la pantalla en dos y que dejan tras de sí un rastro de humo, ruido y temblores de tierra, como si quisieran dejar constancia de su existencia y su constante presencia. En la cantina se juntan una retahila de seres que no tienen cabida en otra parte, que viven allí cual enanitos del bosque en un cuento. Son personajes que resultan difíciles de imaginar en otra situación. Así como el doctor y Laura tienen otros escenarios donde llevar a cabo sus aventuras, los personajes de la cantina son inconcebibles fuera de ella. Son como seres legendarios que aparecen y desaparecen con las brumas de los trenes (una especie de Brigadoon). La cantina es, además, un lugar en el que el amor es un juego y hace sonreír. El espectador desea que Albert Godby y Myrtle Bagot nunca se comprometan y mantengan por siempre ese divertido coqueteo, con bizcochos tirados al suelo para evitar el acercamiento inclusive. Inolvidable el momento en el que Albert se comportan como un héroe y salva a su amada Myrtle de los dos clientes maleducados que quieren tomar alcohol a una hora prohibida.
Ese pequeño bosque shakesperiano es el punto de encuentro de Laura y Alec. Fuera de allí no están a gusto. En el cine la película resulta ser mala. En el restaurante son descubiertos por dos amigas de ella y tienen que, una vez más, escudarse en la mentira. Cuando al final deciden tener el encuentro en el apartamento del amigo, el asunto tampoco funciona. Ella debe salir de la casa por la puerta trasera, dejando tras de sí olvidada una prenda. El amigo, de malvada mueca, actúa como un grostesco amo del castillo disgustado porque sus súbditos no han hecho lo que él esperaba. El amigo actúa como la voz de la conciencia que dice que lo que Laura y Alec están haciendo no puede ser. El rostro del amigo es el rostro del Super-Ego, de la norma, de la costumbre, del Dios todopoderoso. Y mientras Alec recibe la reprimenda, casi silenciosa, de su amigo, Laura está en la calle, sola (ahora la soledad se transforma en algo horrible, en algo digno de temer) y empapada por la lluvia. Frente a la lluvia redentora de Singin' In The Rain o fecundadora de Breakfast At Tifffany’s, ahora el agua es castigo, es penitencia. De nuevo, una vez más los dioses son enemigos de la humanidad. Laura debe volver a su casa, debe volver al hogar.
De repente, la cantina, seguro lugar de escape, se torna escenario de tensión. Cuando Laura y Alec están despidiéndose, aparece un amiga de Laura. La hipocresía social corta de raíz la despedida. Algo que el espectador deseaba ver no tiene lugar. Así, no sólo se corta el deseo de los personajes. También se corta el de los espectadores.
Laura debe volver a casa, a tejer junto al fuego, cual Penélope, a rechazar a sus pretendientes, a escuchar a un nivel atronador, y así callar sus voces interiores, el segundo concierto de Rachmaninov, cuya presencia a lo largo de la película nos recuerda constantemente que estamos asistiendo a la narración de un hecho pasado y concluido. No hay que olvidar que el concierto de Rachmaninov es el presente, es la música que emana de la radio del hogar mientras ella mira atrás con lágrimas en los ojos. Cada vez que suena esa música es para recordarnos que lo que vale es lo que ocurre en el cuarto de estar, que la Laura que nos vamos a quedar es la Laura-Penélope, siempre esperando, siempre triste.
Sabíamos desde el principio que iba a ser así. Desde el mismo principio vemos la fría despedida (así lo es por culpa de la presencia de la molesta amiga de Laura) y sabemos qué va a ocurrir. Por si no estuviera claro, la película nos da pistas. Llevado al terreno simbólico, resulta más que llamativo la incapacidad de los dos personajes de cruzar el puente que surca el río, y que parece conducir a un bosque, al que acuden a fantasear. Da la impresión de que se nos estuviera diciendo que nunca van a entrar realmente en el mundo de la naturaleza, en el mundo de la pasión desbocada. Tal vez sea exagerado, tal vez no, pero ocurre igualmente que ninguno de los dos encuentra de su agrado la película que van a ver al cine, la cual va en torno a pasiones desenfrenadas, naturaleza primitiva y prehistórica…
Una muy buena película que daría pie a artículos más largos (y mejores) que éste. Se la recomiendo (por no decir obligo) a cualquiera que quiera saber un poco más sobre qué es eso llamado cine.

sábado, 9 de diciembre de 2006

El Perfume

Acabo de llegar de ver la película El Perfume. La sala estaba abarrotada. Por suerte, conseguimos las entradas pronto. Con todo, la localidad no era muy buena. A mi derecha, un gilipollas encendiendo el dichoso teléfono móvil cada dos por tres para, digo yo, comprobar si algún neurótico como él había llamado. Este hombre iba acompañado por una mujer que, nerviosa ella, liberaba su tensión frotando una bolsa de plástico y abriendo, muy lentamente, caramelos.
La película me ha parecido mala. Y creo que hay dos factores básicos. Uno de ellos es un horrible actor principal, cruce de Farruquito + Antonio Banderas famélico, que en algunas escenas da verdadera risa (luego iré a ello). El otro factor: la ambientación sonora. Me ha parecido muy inadecuada la partitura, totalmente inapropiada con las imágenes.
Decía que en alguna ocasión el actor este (Ben Whishaw) daba risa. Por ejemplo, en la escena en la que, próxima su ejecución (no chafo el final porque la película comienza con la noticia de su ejecución), se pone a manejar las masas está simplemente ridículo... Ahora el cruce se produce entre Bunbury y Farruquito. ¿Qué vas a decir de una película en la que el público se ríe en un par de escenas supuestamente dramáticas? No digo cuáles para no predisponer.
Hay momentos interesantes, claro. Por ejemplo, todo el comienzo. La ambientación visual del París de aquellos tiempos pre-revolucionarios me parece muy buena (no estuve allí, así que no puedo opinar), con claro énfasis en destacar las grandes diferencias entre las diversas clases sociales y las radicalmente distintas entre sí zonas de la ciudad. La actuación de Dustin Hoffman (que recuerda peligrosamente a Miliki en muchos planos) y, sobre todo, Alan Rickman, salvan, a mi modesto parecer el conjunto. No obstante, hay momentos en los que Hoffman-Miliki da a su personaje un toque de cuento infantil. Y creo que ahí radica gran parte del fallo de la película: muchas veces se recibe la impresión de estar asistiendo a la escenificación de un cuento y no de la tragedia (en el más puro sentido clásico de incapacidad para poder enfrentarse al destino y al absurdo dictado de los dioses) que Jean-Baptiste Grenouille lleva desde el mismo día en que nace (¿le habrá pasado Patrick Süskind a los herederos de Charles Dickens parte de los royalties? El arranque trágico es puro Dickens, a mi parecer...).
A destacar igualmente, por el hábil uso de la cámara y de los decorados, la escena en la que, tras una reprimenda por parte de su padre (el personaje de Alan Rickman, celoso de la seguridad de su hija, quien baila alegremente), la hija (linda Rachel Hurd-Wood) huye llorosa y se pierde entre las calles abandonadas de la ciudad. Me parece más que digno el modo en que se filma la escalera -más bien una calle empinada con escalones- y el simbolismo que lleva consigo ver a la hija abrazada al padre arriba, en la luz, mientras el asesino permanece agazapado abajo, en la oscuridad. De todas formas, prefiero las calles de muchas otras películas, como es el caso de Breve Encuentro (el callejón que pasa por encima de la estación de tren, la rampa que comunica los andenes en la estación...), mucho más modestas y mil veces más efectivas.
Cuando terminé de leer el libro, me afané en buscar los olores a todo y a todos. Cuando terminé de ver la película me afané en contener mi cabreo ante 6 euros perdidos. Si lo llego a saber, me la descargo.
4/10

jueves, 7 de diciembre de 2006

Algo que tal vez continúe #28

Me canso de echarte en falta.

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Algo que tal vez continúe #27

Dice que se ha mojado mucho. No puedo evitar sonreír.
Dice que se ha perdido en la desconocida ciudad. No puedo evitar sonreír.

Algo que tal vez continúe #26

Echo en falta la monotonía, saber las horas a las que toca aburrirme, saber cuál es mi momento para expresar mi malestar por algo que no puedo cambiar. Echo en falta los olores de un siempre que se fue, que es un pasado que se ha quedado para siempre en suspenso. Echo en falta no tener que pensar en ti. Echo en falta tener la magia para con una simple mirada tenerte a mis pies. La magia se perdió cuando te fuiste. Me perdí entre mis sueños, poblados por ti y por tu imagen, que ahora se deforma. ¿He de preocuparme porque ya no recuerdo el color de tus ojos? ¿Qué tonalidad de verde eran? ¿Acaso eran marrones? ¿He de preocuparme porque dudo si nuestro aniversario es el 15 ó es el 16? ¿Y si resulta que es el 24? Sí, pero ¿de qué mes? ¿He de preocuparme porque quiero echar en falta mis dudas sobre tu amor? ¿Es grave que ya no dude? Echo en falta lo que ya no recuerdo. Echo en falta tu rostro, cuya sonrisa ahora se ha transformado en algo fanstasmagórico. Tu voz resuena en mi cerebro.
Echo en falta olvidarme de tu cumpleaños, no avisarte de que voy a regresar tarde a casa. Siento dolor por no escuchar cómo te quejas de lo sucio que queda todo después de afeitarme.
Echo en falta echarte en falta. Echo en falta no tener que recordar tus cabellos, tu cintura, tu risa, tu llanto, tu voz, tu susurro, tu sabor, tu olor, tu alegría, tu tristeza.
Siento lejana tu distancia. Echo en falta tu ausencia. Mi silencio pide a gritos tu voz.
Te echo en falta entera.
Te echo en falta dormida.
Te echo en falta desnuda.
Te echo en falta vestida.
Te echo en falta lejos.
Te echo en falta cerca.
Te echo en falta en la sillón.
Te echo en falta en la cama.
Te echo en falta en mis fantasías.
Te echo en falta en mis silencios.
Te echo en falta riendo.
Te echo en falta mirándome.
Te echo en falta.

jueves, 16 de noviembre de 2006

Algo que tal vez continúe #25

El amor es sí y es no. Igual que el odio, que es no y es sí. Como la vida, que es hoy y no mañana. Como la muerte, que es ni mañana ni hoy. Como siempre, que es ayer y siempre fue y tal vez será. El aburrimiento es ni hoy ni mañana acaso sólo ayer que parece no irse. El suicidio es sí y es no. La sonrisa es hoy y es mañana. El llanto es ayer y no es mañana. Ella está dentro de mí y fuera de mí. Tú no estás en y sí estás en mí. Cierro los ojos y te veo; los abro y ya no estás. Desconecto los sentidos y te siento; conecto mi sentido de la realidad y te marchas rápidamente. En el silencio te oigo. Sí y no. Eso eres tú. Eso soy yo. Sí y no. Ayer y hoy. Ni si ni no. Ni ayer ni hoy. Ella lleva a mí. Yo llevo a ella. El amor y el odio dan vueltas y juegan de la mano. El ayer y hoy caminan a la par hacia un no mañana. ¿Para qué saber? ¿Por qué saber? ¿Por qué aprendemos? ¿Por qué olvidamos? ¿Por qué? Porque.

Algo que tal vez continúe #24


Suena el teléfono. No lo puedo atender. Estoy trabajando. Detesto el trabajo. Detesto que mi rutina dependa de la rutina de los demás. Detesto tener que estar presto en un sitio a tal hora simple y llanamente por a ese ser imbécil hoy le apetece dormir un poco más y se cree con derecho a cambiarme la hora. Su sueño es mi dinero. He de callar. He de seguir adelante hacia alguna parte. No sé dónde quiero ir, pero sé que sí quiero ir. Me escapo quince minutos del trabajo, a hurtadillas, en silencio, a espaldas de todo el mundo. Miro el teléfono. Veo la llamada de antes. Una llamada sin contestar. Alguien viene. Espero que no sea alguien dispuesto a molestarme. No tengo ganas de hablar. Miro de quién es la llamada. No conozco ese número. Lleva un prefijo de otra provincia. Me avisa el teléfono y me dice que alguien ha dejado un mensaje en el contestador. Voy a escucharlo. Quiero silencio. Una voz de robot me dice que tengo un mensaje. Ya lo sé. ¿Cuántas veces más me lo van a decir antes de que finalmente lo escuche?

Es ella. Su voz. El color de sus ojos viene a mi mente. Su cabello. El tacto de su piel. Su risa. Deseo verla. Deseo estar con ella otra vez. Se detiene el tiempo. Debo contener mi alegría. Me cuesta. Sobre todo su risa. Sus movimientos de mano. Sus coletillas al hablar. Sus promesas divertidas. Sus inesperadas salidas. Miro a mi alrededor. Parece como si todo se hubiera detenido. Repito el mensaje. Sus andares. Sus gestos. Sus peticiones. Sus deseos. Ella. Mi deseo. Ella. Nuevamente ella.

Howard Goodall

Descubro, con gran placer y de pura casualidad, la existencia de este personaje llamado Howard Goodall. A través de uno de mis intercambios de material discográfico con gente de aquí y de allá, me llegó, esta vez desde París, un DVD que contenía, entre otras cosas, un documental sobre The Beatles, que es, en realidad, uno de los capítulos de una serie de televisión llamada Howard Goodall's 20th Century Greats.
No dura mucho, lo cual es una virtud y, en casos como éste, una lástima. Este hombre, británico él, es todo un experto en música y no se trata del típico crítico que habla sin más de la obra de los demás. Es compositor y, mejor todavía, es un perfecto didacta. Verle, y escucharle, resulta ameno. Contrariamente a lo que sucede a los reporteros que chupan cámara y acabas por detestar (tipo Mercedes Milá, con siempre dos cámaras eternamente adorándola, una de ellas en un predecible angulo supuestamente novedoso), la presencia de Goodall se torna en agradable y nunca molesta. Apetece invitarle a tu cuarto de estar para tocar música juntos.
Conoce el tema. Sabe de qué habla, y, a diferencia de grandes pedantes ocultos en las segundas cadenas de televisiones estatales, resulta hipnotizador. Es algo así como el Carl Sagan de la música.
Todo un descubrimiento. Su obra es amplia y quizá lo más difícil de conseguir son sus DVD's, de cuya existencia he conseguido constancia a través de su oficina (gente muy amable). Eso sí, son carísimos los DVD's, al menos para mi gusto.
Howard Goodall, un nombre que todos los amantes de la música y enemigos de la pedantería deberían investigar.
http://www.howardgoodall.co.uk/

domingo, 5 de noviembre de 2006

Azul

La primera vez que fui a ver la película Azul (Krzysztof Kieslowski, 1993 http://www.imdb.com/title/tt0108394/) fue en el cine Eliseos de Zaragoza. No recuerdo la fecha exacta, pero sí que recuerdo muchos circunstancias. Mi hermana fue con el que luego sería su marido, yo fui con la que ahora no es mi mujer. Vinieron mis primos de S. Uno de ellos, vaya por Dios, llegó tarde. Le pusimos en el asiento una almohadilla de aire para que, al sentarse, lanzara un ruido similar a, bueno, a una emisión gaseosa por el canal inferior destinados a la eliminación de resuidos corporales.

Me gustó. Al resto de la gente no le gustó en absoluto y estuvieron reprochándomelo durante mucho tiempo. Desde entonces, cada vez que me piden que escoja una película, opto por mandarles al último blockbuster de turno. Tú, yo y ahora Dupree (o algo así) fue la última mierda a la que nos metimos por recomendación mía.

Hoy he visto de nuevo Azul y me ha gustado. Para mí va sobre muchas cosas. Sobre el sexo como escapismo ante la muerte (esa eterna dualidad eros-tánatos tan presente en el cine y que viene a decir algo así como "si tienes mucho sexo con otra persona sólo llevado por la pasión, acabarás muerto, o pirado, o fuera de tus casillas"), sobre la música como método de comunicación (¿realmente se llega a terminar la composición musical? ¿realmente escribía el famoso compositor sus piezas o lo hacía su mujer y su ayudante? ¿realmente es el acto de la creación un acto cerrado? ¿qué significa "autor"?), sobre la soledad (todos están solos... la amante del compositor opta por la soledad, la mujer del compositor opta por la soledad parcheada con ocasionales encuentros para mantener relaciones sexuales que más parecen mamá-hijo que amante-amante), sobre la ciudad (¿quiénes son esos seres que vemos durmiendo una noche tirados en el suelo y a la mañana siguiente les vemos apearse del coche de una mujer cuya identidad nunca se nos revela?), sobre la familia (¿es un montaje? sorprendente cuando el ayudante del compositor dice a la viuda "¿no sabías lo de tu marido?" cuando ésta se entera de que su marido tenía una amante, que en cualquier momento va a dar a luz)...
Es una historia de personajes solitarios, que no saben amar, que no saben si quieren vivir o morir: nos enteramos de que cuando el coche se estrella contra el árbol el conductor sigue contando el chiste como si nada hubiera pasado; el intento de suicidio de Julie no queda claro si es frustrado por la vergüenza de verse descubierta por la enfermera o porque realmente le duele morir y no se atreve. Una fábula sobre seres con caminos absurdos (¿qué narices hace ese chaval, testigo del accidente, a principio de la película en mitad de ninguna parte?; sorprendente la anciana, muy encorvada, para la que llevar una botella de vidrio al contenedor, supone una lucha contra todos los elementos). ¿Por qué Julie decide terminar la partitura que su marido dejó inconclusa?

La principal crítica que se puede hacer a esta película es que "es lenta", pero... ¿qué siginifica eso realmente? No es una película de persecuciones. Es una película de miradas (el plano, que ocupa toda la pantalla, del ojo de Julie Vignon en el que se refleja el doctor comunicando las noticias a aquélla me parece muy interesante y digno de un análisis más detallado). La paleta de colores y la iluminación está muy cuidada, dominando el azul, de manera aplastante en algunas escenas. Como ejemplo de estos último, debemos mentar las escenas de los baños en la piscina: todo es azul... El azul preside la habitación de la niña muerta. Azul es el adorno que Julie cuelga nada más instalarse en su nueva casa en la ciudad (ornato que, cosas de la vida, a la prostituta del piso de abajo evoca recuerdos de infancia y que, en base a unos comentarios de Julie en torno a cómo dio con ese artefacto de cristales azules, puede ser que se trate del que la prostituta perdió hace mucho).
Y, claro, azul es también uno de los tres colores de la bandera francesa: azul, rojo y blanco, como ha declarado en multitud de ocasiones el director de la película.
No es una película apta para todos los gustos. Al que quiera acción, que la busque en otra parte. Al que quiera encuentros amorosos al uso, que los busque en otra parte.
Por cierto, la música, tan alabada por muchos, no me parece tan magnífica. Me recuerda a demasiadas otras cosas. No me preguntes cuáles. Ahora tengo sueño.

Lennon dixit


"Our society is run by insane people for insane objectives".


"Part of me suspects I'm a loser, and the other part of me thinks I'm God Almighty".


"Jesus was all right, but his disciples were thick and ordinary. It's them twisting it that ruins it for me".


"Reality leaves a lot to the imagination".


"As usual, there is a great woman behind every idiot".


"You either get tired fighting for peace, or you die".


"You have to be a bastard to make it, and that’s a fact. And the Beatles are the biggest bastards on earth".

miércoles, 25 de octubre de 2006

Algo que tal vez continúe #23

El ritmo del aburrimiento. La canción del hartazgo. ¿Cada cuánto cambia ese semáforo de color? ¿Cuánto tiempo permanece en naranja? ¿Cuándo éste se pone verde aquél pasa a rojo? ¿Cómo estará entonces el semaforo de mi calle? Analizar la ropa de la señora que está junto a mí. ¿Cuántos segundos tienen que pasar para que vuelva a girar la esquina una bicicleta? No me gusta la música que se oye en ese coche. ¿En qué narices trabajará esa chica de allí? ¿Quién es ese tipo con el que va? ¿Me dará tiempo esta vez a cruzar la calle? El ritmo de la desesperación. Tengo hambre pero no me apetece comer. El aburrimiento. El vacío. Tengo sueño pero no quiero ir a la cama. ¿Cuántos pisos tiene realmente esa casa? Me cuesta contar si son quince o dieciséis. ¿Cómo vería todo si me quitara las gafas? A ése de allí se le van a caer las bolsas. Miraré a otra parte. ¿Me he puesto bien los calcetines? Parece que me molesta la ropa que me he puesto hoy. ¿Veré hoy a algún motorista sin casco al que mirar con cara de saberme el código de circulación? Se me ha olvidado a qué vecinos he saludado hoy. El ritmo del aburrimiento, del aburrimiento, del aburrimiento. El eco de la nada. La celebración del absurdo de la existencia. El descubrimiento del sinsentido que es existir. El ritmo sin música. La canción sin melodía. El texto sin palabras. La respiración sin oxígeno. Olvidar el origen. Borrar la memoria. Percusión muda. Distorsión que pretende ser armónica. Aburrimiento. Hartazgo.

martes, 24 de octubre de 2006

Algo que tal vez continúe #22

Me dijo que había visto a Dios. Iba vestido con una túnica de colores. De muchos colores, muchos de los cuales eran indescriptibles con palabras. Acaso con olores, con sonidos, acaso con gestos. La luz era blanca y azul, verde y roja, amarilla y naranja. No supo decirme más. Insistía en que había visto a Dios. Junto a él estaba la pequeña Sara, más bella que nunca. No, yo no estaba por allí. Sí, sí que había música. Pero no supo decirme de qué tipo. Tal vez me gustase, tal vez no. Había una gran mesa. No, muchos más de doce. Había un sitio para mí. Sí, un sitio para ti. No sé porqué pero era un sitio para ti. Y tenías que haber visto a la pequeña Sara jugando con ese señor. Creo que era Dios. No estoy segura pero creo que a lo mejor era Dios. Hablaba del ayer, del hoy, del mañana. Nadie entendía lo que decía pero todos parecían felices. Repartía la comida por las mesas y aguantaba con increíble paciencia todas las gamberradas de la niña. No como tú, que no aguantas nada. No como yo, que no aguanto nada. Me mira y llora. Me mira y no sé cómo reaccionar. Está temblando. Dice que era un señor muy bueno. Quiere volver a hablar con él. Lo intentará otra noche. Sí, lo intentaré otra noche. Tengo ganas de ver a Sara, a la pequeña Sara, jugando feliz, jugando al señor de la túnica de colores. Se queda dormida junto a mí mientras me cuenta que ha visto a Dios.

Algo que tal vez continúe #21

Seamos, Sara, tú y yo, seres eléctricos. Sara. Baila al ritmo de mi música. Mi mano derecha subiendo y bajando por el mástil, deteniéndose, fruto de mi torpeza, en los acordes complicados. Sara. Siente la electricidad salir de alguna parte. Siente cómo el más mínimo rozar de la cuerda se transforma en una descarga de vida. Pongo los dedos de una manera. Suena la locura. Cambio ligeramente la posición de mi mano derecha e invoco un amanecer. Seamos seres eléctricos. Bailemos de manera absurda. Gritemos incongruencias. ¿Por qué no bajamos la luz y subimos el volumen? ¿Por qué no bajamos la ansiedad y subimos el deseo? ¿Por qué no cerramos los ojos y nos miramos con las yemas de los dedos? Siente mis dedos sobre el mástil. Estoy construyendo un acorde mayor, lleno de eco. Siente mis dedos en tu cuerpo. Mi música es de tono mayor. Cambio tu pelo de posición. Veo tu nunca al desnudo. Sigue la guitarra gimiendo. Sigue la música sonando aunque yo haya callado. No dejes nunca de bailar. No dejes nunca de sentir el ritmo de lo que te rodea. Todo es ritmo. Agárrate a él. Busca la pasión. Busca el acorde que hará caer las murallas. Juntos descifraremos partituras secretas, escritas en la noche de los tiempos, para instrumentos que nunca existieron. Baila, Sara, baila. Siente el ritmo que hay en ti. Déjame mirarte mientras te retuerces, mientras actúas como una poseída, mientras gritas fuera de ti. Déjame escuchar tu acelerado corazón. Déjame oler y gustar tu sudor. Déjame sonreír mientras te veo acercarte y alejarte de mí. Siente la electricidad. Siente las ondas en tu cerebro invocando imágenes cuya existencia desconocías. Siente la electricidad poblando el aire. Siente. Siente. Siente.

lunes, 23 de octubre de 2006

Algo que tal vez continúe #20

Todas las calles me parecían idénticas. Igual de desiertas, igual de horribles. Todas las calles me daban miedo, me inspiraban pánico. Oía ruidos que no conseguía identificar. Estruendo humano tal vez. Estruendo animal tal vez. Las señales de tráfico parecían estar de más. Podía cruzar en rojo, en verde, en intermitente. Nadie en la parada del autobús. Sólo yo solo. El último hombre vivo. Ella arriba, muerta en la habitación. Sigo oyendo ruidos. Las calles se estrechan. Las calles se ensanchan. Los giros que antes me llevaban a la izquierda me conducían luego a la izquierda. Perdido en un laberinto de calles de un barrio marginal. No sé dónde estoy. Me da igual. Busco algún escaparate que destrozar, alguna papelera que quemar, coches para machacar sus lunas. Pero no tengo ganas. Mi deseo choca una vez más con la realidad. Todo a mi alrededor está muerto. Sólo oigo gritos, o tal vez nada. Sólo pienso en que no tengo que pensar. Por aquí ya he pasado antes. Pero algo ha cambiado. Por aquí también. ¿No es todo un mismo sitio? Me detengo. Creo escuchar algo. ¿Unos pasos? ¿Una respiración? ¿Una tos? Una mano en mi hombro. Me doy la vuelta. Un hombre que nunca mira a los ojos de la gente se ríe de mí. Me asusto. Huyo. Tropiezo. Su mano nuevamente sobre mi hombro. Otra vez su rostro, con una mirada que nunca se cruza con la de nadie. Sus ojos nunca miran a la gente. No conozco esa cara. Pero me resulta familiar. Su aliento pestilente me trae recuerdos de pesadillas. Necesito gritar. Cierro los ojos. No soporto esa mirada silenciosa. Cierro los ojos. Los abro. Estoy en casa. Mi habitación. Sara a mi lado. Estoy sudando. Me levanto. Me ducho. No quiero que Sara se despierte. Vuelvo a la habitación. Ella está en la misma postura de antes. Sólo veo sus ojos cerrados. Adivino su pelo, su contorno. Me imagino su respiración. Estoy desnudo. Abro mi armario. No quiero hacer ruido. Cojo ropa de abrigo. Creo que esta noche hace frío. Creo que esta noche va a llover. Miro por la ventana. Veo caer la lluvia. Se ve que hace viento. Se siente el frío. Todas las calles me parecen idénticas. Igual de desiertas, de muertas, igual de horribles. Siento miedo. Siento pánico. Me desnudo. Vuelvo a la cama corriendo. Con la respiración entre cortada me acurruco junto a Sara. Ella se mueve. Su pelo cambia de posición y toca mi cuerpo. Sara. Nunca dejes de mirarme.

domingo, 8 de octubre de 2006

Algo que tal vez continúe #19

Entró al bar con cara sofocada. Era guapa. Se acercó a mí. Me llegó su olor. Me acerqué a ella para aspirar su perfume. Cuando volví a casa no paraba de olerme las manos. Olían como ella. Cada vez que aspiraba una bocanada de aire con mis manos pegadas contra mi nariz, me venía una colección de aromas. Percibía sobre todo el humo. Pero por encima de esa peste a tabaco estaba su perfume. ¿De qué marca era? ¿Era fácil de conseguir? ¿Quedaría bien si le regalaba de manera inesperada un frasco de ese su, me imaginaba, perfume favorito? ¿Sería caro? No parecía una mujer de gustos caros. A lo mejor me equivocaba. ¿Sería de gustos exquisitos? ¿Acaso ese perfume que llevaba se lo había regalado alguien con quien estaba saliendo? A lo mejor era el típico perfume que te pones una sola vez en la vida porque sabes que la persona que te lo ha regalado va a verte y a prestar atención a ver si usas su presente. A lo mejor acababa de estar con ese ser. ¿Cómo sería? A lo mejor no había nadie. A lo mejor esa colonia que llevaba era un muestra que le acababan de regalar en unos grandes almacenes. A lo mejor todos los días por la mañana, después de ducharse, impregnaba su cuerpo de esa fragancia. A lo mejor ése era su olor natural. No creo que así fuera. De vuelta en casa, en la soledad de la habitación, su olor me venía a cada segundo. Cada bocanada de aire era un simulacro de su aliento. Cada bocanada de aire era el recuerdo de mi mano furtivamente colándose en su pelo. Cada bocanada de aire inundaba despertaba en mi cerebro corrientes de electricidad que encendían cada rincón de mi cuerpo. El recuerdo de su cuerpo crecía con su olor, fuente de recuerdo, fuente de vida. Me encerré en mi habitación. Apagué la luz. Cerré la ventana. Bajé la persiana. Oscuridad total. Cerré los ojos. Respiré recordando la viejas enseñanzas de mis años de yoga. Me llevé las manos a la nariz y me cubrí la cara con ellas como si éstas fueran una máscara de oxígeno. Aspiré profundo. Quise que ella estuviera allí. Pero no estaba allí. No estaba allí. Allí. Sólo me quedaba su olor. Partículas de su cuerpo pegadas a mis manos. Partículas de su olor impregnándome. Me sentía uno con ella. Pero ella no estaba allí. No estaba allí. Allí.

Algo que tal vez continúe #18

El sábado por la tarde, tras una llamada para cancelar unos planes en los que no había puesto demasiada ilusión, se presentaba, una vez más, gris y aburrido. O tal vez no tanto. Al menos podría ponerme al día de la cantidad de libros atrasados que tengo. Libros de todos los tipos. Empezando por el Ulysses, de Joyce, el cual he empezado no sé cuántas veces; siguiendo por mitos clásicos; pasando por novelas de calidad ínfima; terminando por el que ahora llevo entre manos acerca de neurología y que, la verdad, se me hace difícil, aunque interesante. Así que de tal guisa se me planteaba la tarde. Una tarde quijotesca. Mi mundo y yo. Mis libros y yo. Yo. Yo. Yo. Sin ganas de pensar en ella, a pesar de lo cual le llamé y quedé con ella para el domingo siguiente. Ella. Ella. Ella. Siempre ella, quienquiera que sea. En estos pensamientos me hallaba, con un libro entre las manos, o tal vez con la guitarra, cuando el teléfono sonó. Lo tenía puestos en silencio, así que, si me enteré, fue por las interferencias causadas en la pantalla de mi televisor, que estaba puesto lanzando imágenes de un concierto de un grupo de amigos. Casualidad de las casualidades la llamada telefónica fue para invitarme a un concierto de, precisamente, esa misma banda. Mi buen amigo E. Otro más de la pandilla de “los músicos”. Otro más de los que, poco a poco, van cayendo en el saco de "es que me tengo que ir antes porque mi mujer…". A veces le envidio. A veces no. Ayer era uno de esos días en los que no sentí pelusa. Veía que yo podía hacer lo que me diera la gana con mi vida, que no tenía nadie en mi mente para que me dictara cómo proceder. Mentira. Mi mente estaba en ella. Aún con todo, entré en el juego de E. y estuvimos bailando toda la noche con un grupo de chicas. Incluso, siguiendo sus comentarios, me quité el anillo que llevaba en uno de los dedos de mi mano. "Las espantas con eso. Seguro que se creen que tienes a alguien esperándote en casa", me dijo E. Me lo quité. Así tendría un elemento menos contra el que luchar. Pero ella no se me iba de la cabeza. Ella. Ella. Ella. Una de las chicas parece que se acercaba demasiado. Me acerqué. Le seguí el juego. Ella. Ella. Ella. Ella. ¿Por qué seguía agobiado por ella si ni siquiera existía? ¿Por qué me echaba atrás por culpa de una idea acerca de alguien que ni siquiera existe? A ella, a Sara, la había conocido hacía muy poco, y todavía no sabía quién era. Sin embargo, algo en mi interior me lanzaba constantemente su imagen a mi cerebro. Los contoneos de esa mujer me estaban excitando. Buscaba entre la gente del local rostros a los que mirar, con la que mantener un vacile momentáneo de escasos segundos que reforzara mi deshecha autoestima. Examinaba todos y cada uno de los cuerpos que se balanceaban al ritmo de la música. Caderas, pechos, ojos claros, ojos oscuros, melenas, pelos cortos, cuerpos gordos, cuerpos delgados, contoneos imposibles reflejos de deseos incumplidos, imperfecciones camufladas por el olor del tabaco mezclado con sustancias prohibidas, complejos ocultos tras el muro de los decibelios apuntando directamente al bajo vientre. Destellos de vida en mentes destrozadas por un trabajo odioso. Destellos de gente deseosa de ser feliz, de mandar todo a la mierda, de matar a su jefe, de darle un corte de mangas en la cara. Destellos de gente con deseos eternos, con parejas equivocadas, con miradas analizando anatomías que nunca serán suyas. Destellos de pensamientos en torno a lo que pudo haber sido y nunca será. Aliento de alcohol, respiración de humo, besos urgentes, caricias robadas de camino a la barra, manos que se pierden por unos segundos en rincones inaccesibles, roces con más significado y poesía que la más bella obra de arte. Y ella en mi mente ante el espectáculo del deseo, de la represión liberada. ¿Por qué? ¿Qué hay en nuestra mente que nos hace actuar así? Ella. Ella. Ella.

viernes, 6 de octubre de 2006

Por suerte

Que Pr venga a buscarte en plan sorpresa a la salida del trabajo es una bendición.
Todavía no sé si me iré de esta ciudad para las fiestas del Pilar.
Cada vez estoy más harto de mi situación en todos los planos. Lo peor de todo es que lo está pagando la gente cercana a mí. Afortunadamente, al igual que Dr House, muchas veces siento que, dada la ausencia de vida personal en mi existencia, poca gente es la que resulta molestada en tal caso. Las ganas de mandar todo a la mierda y pegar el mayor corte de mangas de mi existencia se apoderan de mí. Aún quedan pequeños destellos de alegría, tales como llamadas sorpresas. Pero me canso.
Cada vez me siento más lejos de ciertas personas por las que hace unos años hubiera hecho locuras. No puedo evitar sentirme mal al ver cómo ciertas personas han cambiado (a lo mejor soy yo el que ha cambiado, como me dio el otro día E.) y sentir que lo único que me apetece es levantarme de su lado y despedirme con un "ya nos llamaremos". Algo dentro de mí dice que eso es lo que hay que hacer: alejarse de esa persona en cuyo mundo ya no pinto nada. Tal vez la siga encontrando atractiva, pero la calle está llena de tías atractivas y ello no implica que vaya a perder la cabeza por ellas. Tal vez ella piense de mí que yo soy un tal o un cual, y seguramente tendrá razón. Lo único que sé es que el otro día que estuve con ella me sentí mal, incómodo, con ganas constantes de levantarme. Me imagino que nunca llegará la ocasión de hablar con ella nuevamente. Me imagino que habrá que irla borrando de la cabeza. No creo que lo consiga nunca.

domingo, 1 de octubre de 2006

Aniversario de la concesión del derecho al voto a la mujer

Hoy se produce el 75 Aniversario de la concesión del derecho al voto a la mujer.
¿Cuándo celebraremos el Primer Aniversario de la existencia de algo decente a lo que votar?

La casa del lago

Todos tenemos un lado oscuro y otro luminoso. A veces uno de ellos se ilumina demasiado y ciega a la otra mitad. A veces, las menos, ambos se ponen de acuerdo y nos permiten disfrutar de esta cosa llamada existencia en tranquilidad. A veces llegan paletos con legiones de aduladores y hacen películas inspiradas en eso (véase Star Wars, de Lucas, películas que me gustan pero que, ya hablaré otro día, han hecho mucho daño a la ciencia ficción). Una película, La casa del lago, es la culpable de que se me haya iluminado en exceso mi lado luminoso. La vi ayer, en DVD, en versión original. He de decir que me muestro escéptico ante tal tipo de productos que son hijos de la mercadotecnia de Hollywood y de cuya parafernalia participan de una manera más que obvia. Había hablado del tema con Nk hacía varios días y me había recomendado verla. Al final, me tragué mi orgullo y me hice con una copia de ella.
Lo admito. Me captó desde el principio. Supongo que me tocó una fibra sensible, cual es la de la música. Desde mi modestia opino que la banda sonora de la película es excelente. Acaramelada tal vez. Pero insisto en que estamos de excursión por el lado blando de éste que firma, el viejo Capitán, cansado y con problemas acuciantes de vista y oído. La música me pudo. La fotografía me pareció fantástica, jugando con los diferentes tonos de las estaciones climatológicas. Me encantó el papel otorgado a la perra, que recibe nombre de perro macho (no me acuerdo ahora… ¿Jack? Tal vez…). Es el único ser capaz de moverse libremente entre los dos tiempos y es ella quien, en cierta manera, abre los ojos al chico (Keanuu Reeves - no tengo ganas de comprobar si lo he escrito bien o no-) sobre lo que está pasando con respecto al tema espacio-tiempo. Tal vez si esta película hubiera sido producida en los años 70 o en los 60 se hubiera dado más protagonismo al tema del espacio-tiempo, algo que aquí no se discute en ningún momento. Resulta curioso el hecho de que la mayoría de los personajes admitan como algo natural el hecho de estar manteniendo relaciones con alguien en otras coordenadas tempo-espaciales. Nadie se plantea porqué eso es así, si eso es posible. Gracias a ese dejar de lado el tema físico (que era lo que realmente me atraía de la película) el interés se desvía hacia el tema amoroso, o mejor, hacia del de las relaciones humanas. La pregunta que nos lanza constantemente la película es si somos dueños o no de nuestros destinos, si realmente podemos alterar el espacio-tiempo para conseguir aquello que deseamos. Y llevado a un terreno más sentimental, el film nos pregunta: ¿existe el amor perfecto? ¿Existe el amor? Para responder el interrogante toma el personaje de una doctora (Sandra Bullock), harta del amor, encerrada en su mundo (nada original, por otra parte - me viene a la cabeza la deliciosa Bella Martha, o Frankie And Johnny…) quien se niega a ver que ante sus ojos tiene al hombre de su vida. Esta linda doctora se ve inmersa en una trama más propia de la literatura de ciencia ficción que de una historia romántica, si bien, ya lo he dicho, predomina este último elemento. Esa trama se ve salpicada por la magia (tampoco mucha, la verdad, si bien la aparición del árbol delante de la urbanización es suficiente) y los malentendidos (¿por qué no acude a la cita al restaurante?), todo ello aderezado con decisiones equivocadas bajo apariencia de correctas. Al final, vence el amor, vence la esperanza, que se confabulan mágicamente contra las leyes físicas del espacio-tiempo (suponiendo que éstas existan). ¡Ah! Y no os olvidemos de poner de nuestra parte. Hemos de ser pacientes y la calma ha de presidir nuestras decisiones. Bonita película para alguien buscando un poco de esperanza. Llámame cursi, mas recuerda que yo, al igual que tú, tengo un lado blando y luminoso. No está mal encenderlo de vez en cuando, pero sin pasarse.
De todos los momentos de la película, me quedo con el baile de la fiesta de cumpleaños de la doctora. Tal vez me haya influido el hecho de que la canción sea «This Never Happened Before» de Paul McCartney.

sábado, 30 de septiembre de 2006

Algo que tal vez continúe #17

En ese momento le amaba. En ese momento quise hacer el amor con ella. Inundarla. Sentirme sucio con su sudor. Agotar el oxígeno del mundo. Sincronizar mis latidos con los suyos. Sentir placer al aspirar su olor. Sentir escalofríos cuando ella me rozara con sus cabellos. Sentir ganas de gritar cuando su pecho rozara mis labios. Ganas de escucharla gemir al ritmo de mi respiración. Ganas de quedarme sin aire al sentirme dentro de ella. Ensuciarme de ella. Ella sucia por mí. Yo sucia por ella. Su aire mezclado con el mío. Sus dedos enredados con los míos. Cabalgar sin rumbo hacia ella. Le amaba.